Toxinas, la gran amenaza del desarrollo neurológico en los niños

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Destacados científicos han indentificado recientemente una docena de productos químicos como responsables de problemas conductuales y cognitivos generalizados. Pero el ámbito de aplicación de los peligros químicos en nuestro medio ambiente, dicen, es probablemente aún mayor.

Según un nuevo estudio de la Escuela de Harvard de Salud Pública (HSPH) y la Escuela de Medicina de Icahn en el Monte Sinaí, los productos químicos tóxicos pueden ser los desencadenantes del incremento reciente de discapacidades del desarrollo neurológico registrado en niños -como el autismo, el trastorno de hiperactividad y déficit de atención y la dislexia-. Los investigadores reivindican una nueva estrategia mundial de prevención para controlar el uso de estas sustancias.

En el estudio se esbozan los posibles vínculos entre estos neurotóxicos recientemente reconocidos y los efectos negativos para la salud en los niños. El manganeso se asocia con la función intelectual disminuida y alterada, así como con las habilidades motoras. Los disolventes están vinculados a la hiperactividad y el comportamiento agresivo. Ciertos tipos de pesticidas pueden causar retrasos cognitivos.

Pero el control de esta “pandemia” es difícil debido a la escasez de datos para orientar la prevención y la enorme cantidad de pruebas necesarias para la regulación del gobierno. “Muy pocos productos químicos han sido regulados como consecuencia de la neurotoxicidad en el desarrollo”, según los científicos responsables del estudio, el Dr. David Bellinger, profesor de Neurología de la Facultad de Medicina de Harvard; Philippe Grandjean, pediatra y médico, colega de Bellinger en Harvard y Philip Landrigan, decano de la salud mundial en la Escuela de Medicina de Monte Sinaí.

Los autores del estudio proponen pruebas obligatorias de los productos químicos industriales y la formación de un nuevo centro de intercambio internacional para evaluar el potencial desarrollo de la neurotoxicidad.

“El problema es de alcance internacional, y la solución debe de ser también internacional”, ha matizado Grandjean, uno de los investigadores. Contamos con los métodos establecidos para poner a prueba productos químicos industriales para probar los efectos nocivos sobre el desarrollo del cerebro de los niños. ahora es el momento de hacer que las pruebas sean obligatorias.”

Cuarenta y un millones de puntos de coeficiente intelectual. Eso es lo que según el Dr. David Bellinger han perdido los estadounidenses como resultado de la exposición al plomo, el mercurio y los pesticidas organofosforados. En un ensayo publicado en 2012 por el Instituto Nacional de Salud, Bellinger comparó el coeficiente de inteligencia entre niños cuyas madres habían estado expuestas a estas neurotoxinas durante el embarazo y aquellos que no habían sufrido dicha exposición. Bellinger calcula una pérdida total de 16,9 millones de puntos de coeficiente intelectual debido a la exposición a los organofosforados, los pesticidas más comunes que se utilizan en la agricultura.

El mes pasado, una nueva investigación levantó la alarma nuevamente sobre la exposición química y la salud del cerebro en relación a la exposición de estas neurotoxinas. Philippe Grandjean anunció no sin cierta controversia en las páginas de una revista médica prestigiosa que una “pandemia silenciosa” de toxinas ha estado dañando el cerebro de los niños en el feto materno. Los expertos citaron 12 productos químicos, como sustancias que se encuentran en el medio ambiente y objetos cotidianos como muebles y ropa, que se cree que están causando no solo coeficientes intelectuales más bajos, sino también la aparición del Trastorno de Déficit Atencional e Hiperactividad (TDAH) y del espectro autista. Los pesticidas se encontraban entre las toxinas que ellos identificaron como estas sustancias nocivas.

Para evitar esta exposicion, Grandjean recomienda el consumo de productos orgánicos a las mujeres embarazadas. De hecho, estima que hay alrededor de 45 plaguicidas organofosfarados en el mercado, y la mayoría, asegura, tiene el potencial de dañar el sistema nervioso en desarrollo de los niños.

Por su parte, su colega, Landrigan ha coinicido en esta misma advertencia: “aconsejo a las mujeres embarazadas que traten de comer productos orgánicos, ya que reduce su exposición en un 80 o 90 por ciento.” “Los productos químicos que realmente me preocupan en relación a los niños estadounidenses, son pesticidas organofosforados como el clorpirifós .”

Durante décadas, el clorpirifós, comercializado por Dow Chemical a partir de 1965, fue el mata insectos más ampliamente utilizado en los hogares estadounidenses. En 1995, Dow fue multado con 732.000 dólares por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) por ocultar más de 200 informes de envenenamiento relacionados con clorpirifós. Pagó la multa y, en 2000, se retiró el clorpirifós de los productos para el hogar.

Hoy en día, el clorpirifós se clasifica como “muy altamente tóxico” para las aves y los peces de agua dulce, y ” moderadamente tóxico” para los mamíferos, pero todavía se utiliza ampliamente en la agricultura en los cultivos alimentarios y no alimentarios, en invernaderos y viveros, en los productos de madera y campos de golf.

Pero, el clorpirifós es solo uno de los 12 productos químicos tóxicos que Landrigan y Grandjean aseguran que ejerce efectos nocivos sobre el desarrollo del cerebro fetal. Su nuevo estudio es similar a una revisión de dos investigaciones publicadas en 2006, en la misma revista, en las que se identificaban seis neurotoxinas de desarrollo. Ahora afirman que el número de productos químicos que se consideran neurotoxinas de desarrollo se ha duplicado en los últimos siete años. Las seis iniciales se han convertido en 12. Su alerta de emergencia ahora se acerca al pánico. “Nuestra gran preocupación”, afirman Grandjean y Landrigan , “es que los niños de todo el mundo están expuestos a sustancias químicas tóxicas no reconocidas, que están erosionando silenciosamente la inteligencia, alteran sus funciones y truncan futuros logros, siendo claramente perjudiciales para las sociedades.”

Los productos químicos, conocidos como las neurotoxinas del desarrollo en 2006, son el metilmercurio, bifenilos policlorados, el etanol, el plomo, el arsénico y el tolueno. Los otros seis productos químicos que se han asociado a esta clasificación son el manganeso, fluoruro, clorpirifós, tetracloroetileno, difenil éteres polibromados y diclorodifeniltricloroetano.

Grandjean y Landrigan apuntan en su investigación que las tasas de diagnóstico de trastorno del espectro autista y el TDAH van en aumento, y que los trastornos del desarrollo neuroconductual actualmente afectan del 10 al 15 por ciento de los nacimientos.

Ambos investigadores afirman además que los factores genéticos representan no más del 30 a 40 por ciento de todos los casos existentes de trastorno del desarrollo del cerebro. Por lo tanto, no es genético, las exposiciones ambientales están implicadas en la causalidad, en algunos casos, probablemente mediante la interacción con predisposiciones heredadas genéticamente. Existe una fuerte evidencia de que los químicos industriales ampliamente difundidos en el medio ambiente son importantes contribuyentes a lo que hemos llamado la pandemia mundial y silenciosa de la toxicidad del desarrollo neurológico.

En este sentido, para los investigadores es imperante la creación de un control internacional sobre pruebas de neurotoxicidad para determinar los nocivos efectos de estas sustancias.

Artículo traducido de las publicaciones:

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