Rol Fisiológico del DHA en el Desarrollo y Función Cerebral

A la fecha, se han descrito distintos roles para el DHA en el desarrollo y función cerebral. En este marco, se ha documentado que existe una acumulación de DHA en el cerebro desde las 22 semanas de gestación cuya taza de demanda es muy alta hasta los 8 años de edad. Además, se ha demostrado que aquellos bebes con mayor ingesta de omega-3 presentan mayor agudeza visual que aquellos cuya dieta carece de estos ácidos grasos.

Además, se ha descrito que el DHA, puede dar origen a distintos lípidos bioactivos conocidos como docosanoides, los cuales pueden regular una serie de procesos celulares dentro del cerebro. Estos mediadores incluyen la neuroprotectina D1 (NPD1) y resolvinas (RvD1). En este marco, la NPD1 ha sido identificado por sus potentes efectos protectores contra el daño cerebral y efectos antiinflamatorios por parte de las resolvinas.

De forma adicional, se ha descrito que DHA es capaz de modular la expresión de diversos genes en el tejido cerebral. En este sentido, un apropiado aporte de este ácido graso, se asocia a una mejora en el metabolismo energético.

Otros estudios han revelado que la deficiencia de omega-3 redujo la expresión de genes involucrados en la regulación de la presión arterial.

El DHA también juega un papel crítico en el crecimiento de neuritas, la fluidez de la membrana, la neurotransmisión, la función endotelial, la supervivencia neuronal y la atenuación de la neurodegeneración. De forma adicional, favorece la función de receptores acoplados a proteína G y canales iónicos activados por voltaje, modulando los mecanismos de señalización de las células cerebrales. Conjuntamente, participa en la síntesis, transporte y liberación de neurotransmisores, siendo vital en las vías dopaminérgica y serotoninérgica.

DHA conjunto

Neuroinflamación en autismo: Rol del omega-3 y la microbiota

El autismo es una condición del neurodesarrollo que afecta a casi 1 de cada 100 niños aproximadamente y se caracteriza, en diversos grados, por déficits en la comunicación verbal y no verbal, asociado a conductas repetitivas.

Investigaciones recientes, postulan que el trastorno de espectro autista puede estar vinculado a factores genéticos y ambientales. Tomando el punto anterior, se postula que existen eventos neuroinflamatorios desencadenados por activación inmunitaria materna que afectan el desarrollo cerebral del bebé en gestación. En este sentido, podría estar asociado con disbiosis durante el embarazo y/o la infancia, teniendo un impacto en el desarrollo de autismo en niños susceptibles.

Respecto a hábitos alimentarios, se reporta que el índice de omega-3 en membrana de glóbulos rojos, es particularmente baja en niños con autismo y asperger, lo cual contribuye a un desbalance nutricional con predominio de ácidos grasos del tipo omega-6, que favorecen la neuroinflamación. Estudios recientes, señalan que este desbalance comienza a tener un impacto en el vientre materno alterando tempranamente el desarrollo cerebral.

Además, se postula que la suplementación con omega-3, promueve a nivel intestinal la presencia de cepas probióticas de los géneros Lactobacillus y Bifidobacterium, reduciendo el riesgo de disbiósis intestinal. En este marco, la suplementación con DHA debería considerarse como una estrategia plausible tanto en el embarazo como en la lactancia, para prevenir el desarrollo de autismo en niños con predisposición genética a desarrollar esta condición (ver figura).

Figura: Factores ambientales que influyen en la neuroinflamación asociado al autismo. La inflamación temprana en el cerebro es un factor de riesgo reconocido para el autismo. La neuroinflamación es un proceso influenciado por factores ambientales como: la activación inmune materna, la microbiota y la deficiencia de omega-3.
Sin embargo, los cruces entre estos factores pueden hacer que la situación sea cada vez más compleja. Por ejemplo, la ingesta dietética insuficiente de PUFA n-3 impacta en la composición de la microbiota, así como en el sistema inmune fetal, lo que posiblemente potencia la respuesta proinflamatoria.

Niveles de EPA, DHA y relación omega-6/omega-3 en niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad y trastorno del espectro autista

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y el trastorno del espectro autista (TEA) son trastornos del neurodesarrollo que afectan la calidad de vida y el desarrollo normal de un niño.

En los últimos años, ha habido un interés creciente en el papel de la nutrición en el TDAH y en el TEA, con evidencia documentada que apoya un posible papel de los factores nutricionales en el desarrollo, tratamiento y prevención de estos trastornos del neurodesarrollo. En este marco, las propiedades del DHA y EPA parecen ser particularmente relevantes.

Tomando el punto anterior, un grupo de investigadores proyectaron como hipótesis que los niños con TDAH y TEA tendrían un desbalance entre: omega-3 (EPA, DHA) y omega-6 (ácido araquidónico, AA). Caracterizado por bajos niveles de omega-3 y altos niveles de omega-6, respecto a un grupo control, y que este desbalance se correlacionaría con síntomas cognitivos y conductuales más deficientes.

En su investigación, evaluaron 565 niños (401 TDAH, 85 TEA y 79 niños controles). Para este grupo se realizó diversas pruebas validadas, que permiten evaluar: atención, impulsividad (TOVA), comportamiento (ATBRS) y calificación de autismo (CARS). Además, mediante análisis de sangre, se midieron los niveles de: EPA, DHA, AA y la relación AA/EPA entre otros.

Una tabla con los principales resultados se muestra a continuación:

Los resultados muestran que, los niños con TDAH y TEA presentan menores niveles de DHA, EPA y AA  y mayor razón AA / EPA que el grupo control. Por su parte, los niños con TEA presentan DHA, EPA y AA más bajos que los niños con TDAH.

Mientras que mayores niveles de DHA, EPA y una proporción más baja de AA / EPA se asociaron con puntajes TOVA más altos y por lo tanto normales.

Por otro lado, en consonancia con las hipótesis, en los niños con TEA, los niveles más bajos de EPA, DHA y AA se asociaron con puntuaciones CARS más altas.

Los resultados de este estudio muestran que los niños con TDAH y TEA presentan niveles bajos de EPA, DHA y AA y una alta proporción de omega-6/omega-3, los cuales se correlacionan significativamente con su condición y conducta.

DHA

Finalmente, pese a que las correlaciones no señalan causalidad, el papel de DHA a nivel del desarrollo cerebral ha sido ampliamente documentado y por ello podría configurar un apoyo nutricional razonable. De forma adicional, algunos estudios han mostrado que los niños con TDAH se benefician con el aporte de omega-3 mediante la suplementación.

Referencia Título
Asia Pac J Clin Nutr 2019;28(4):675-688 Docosahexaenoic acid and the brain– what is its role? 
Neural Plasticity 2016; 2016:3597209Neuroinflammation in Autism: Plausible Role of Maternal Inflammation, Dietary Omega 3, and Microbiota
Plos One 2016;11(5):e0156432.Omega-3 and Omega-6 Polyunsaturated Fatty Acid Levels and Correlations with Symptoms in Children with Attention Deficit Hyperactivity Disorder, Autistic Spectrum Disorder and Typically Developing Controls 

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